La congresista Nydia M. Velázquez se desempeña actualmente como representante del 7.º Distrito Congresional de Nueva York. En el 117.º Congreso, es presidenta del Comité de Pequeñas Empresas de la Cámara de Representantes, miembro de alto rango del Comité de Servicios Financieros y miembro del Comité de Recursos Naturales de la Cámara.1
Ha hecho historia en varias ocasiones durante su carrera en el Congreso. En 1992, fue la primera mujer puertorriqueña elegida a la Cámara de Representantes de EE. UU. En febrero de 1998, fue nombrada miembro demócrata de mayor rango del Comité de Pequeñas Empresas de la Cámara, con lo que se convirtió en la primera mujer hispana en ocupar ese puesto en un comité pleno de la Cámara. Más recientemente, en 2006, fue nombrada presidenta del Comité de Pequeñas Empresas de la Cámara, con lo que se convirtió en la primera latina en presidir un comité pleno del Congreso.
Pese a estos logros, sus orígenes son humildes. Nació en 1953 en Yabucoa, Puerto Rico, un pequeño pueblo de cañaverales, y fue una de nueve hermanos. Velázquez empezó la escuela temprano, se saltó varios grados y fue la primera persona de su familia en obtener un título universitario. A los 16 años ingresó en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Se graduó magna cum laude en 1974 con una licenciatura en Ciencias Políticas. Tras obtener una maestría con beca en N.Y.U., Velázquez enseñó estudios puertorriqueños en Hunter College, de CUNY, en 1981.
Pero pronto se impuso su pasión por la política. En 1983, Velázquez fue nombrada asistente especial del congresista Edolphus Towns (D-Brooklyn). Un año después, se convirtió en la primera latina designada para formar parte del Concejo Municipal de la Ciudad de Nueva York.
Para 1986, Velázquez era directora del Departamento de Asuntos de la Comunidad Puertorriqueña en Estados Unidos. Durante ese período puso en marcha uno de los programas de empoderamiento latino más exitosos de la historia del país: “Atrévete”.
En 1992, tras meses de campaña política de base, Velázquez fue elegida a la Cámara de Representantes para representar al Distrito 7 de Nueva York. Su distrito incluye partes de Brooklyn, Queens y el Lower East Side de Manhattan. Abarca numerosos vecindarios diversos y alberga una gran población latina, comunidades judías y partes del barrio chino (Chinatown).
Como luchadora por la igualdad de derechos de las personas subrepresentadas y defensora de las oportunidades económicas para la clase trabajadora y las personas de bajos recursos, la congresista Velázquez combina sensibilidad y compasión en su labor para fomentar el desarrollo económico, proteger la salud de la comunidad y el medio ambiente, combatir la delincuencia y los abusos contra los trabajadores, y garantizar el acceso a una vivienda asequible, una educación de calidad y atención médica para todas las familias de la ciudad de Nueva York.
Como principal demócrata del Comité de Pequeñas Empresas de la Cámara, que supervisa programas y contratos federales que suman $200 mil millones al año, la congresista Velázquez ha sido una firme defensora de las pequeñas empresas y del emprendimiento en Estados Unidos. Ha establecido numerosas prioridades legislativas para las pequeñas empresas en ámbitos como los impuestos, la regulación, el acceso al capital, las oportunidades de contratación federal, el comercio, la tecnología, la atención médica y la reforma de las pensiones, entre otros. La revista Hispanic Business Magazine la nombró su primera “Mujer del Año” en reconocimiento a su influencia nacional en los ámbitos político y empresarial y a su prolongado apoyo a las empresas de minorías.
A la congresista Velázquez se la encuentra a menudo cerca de casa, trabajando para los residentes de su distrito.
Velázquez sobre su decisión de no buscar la reelección en 2026
Durante más de tres décadas he tenido el privilegio de mi vida de servir a la gente de la ciudad de Nueva York en el Congreso de Estados Unidos. Tras mucha reflexión, he decidido que este será mi último mandato en el Congreso. No fue una decisión fácil, pero creo que es el momento adecuado para que yo dé un paso al costado y para que una nueva generación de líderes dé un paso al frente.
Crecí en un pequeño pueblo de cañaverales en Yabucoa, Puerto Rico. Mi familia no tenía mucho. Nueve hijos en una casa de madera. La política de Washington parecía estar a un mundo de distancia. Si le hubieran dicho a aquella niña que algún día sería la primera mujer puertorriqueña elegida al Congreso, nunca lo habría creído.
De adolescente llegué a Nueva York para cursar una maestría, y esta ciudad cambió mi vida para siempre. Nueva York me acogió, me dio la bienvenida y me ofreció oportunidades que nunca creí posibles. Me enamoré de su energía y de la gente que hace de esta ciudad lo que es. En Nueva York encontré mi voz, descubrí mi propósito y me dediqué a la lucha por la justicia y las oportunidades. De verdad, no hay otra ciudad como esta en el mundo.
Me postulé por primera vez en 1993 porque creía que las voces de mi comunidad, de los inmigrantes, de los trabajadores y de las familias que luchaban por salir adelante no se estaban escuchando. Ese año hice historia como la primera mujer puertorriqueña elegida al Congreso, representando a un distrito recién trazado que por fin reflejaba a quienes vivían en él. En aquel entonces solo había tres latinas en la Cámara. Uno de los mayores honores de mi carrera ha sido ayudar a abrir las puertas a quienes vinieron después.
A lo largo de 33 años he puesto todo mi corazón en este trabajo y me enorgullece todo lo que hemos logrado juntos. Me convertí en la primera latina en presidir un comité pleno del Congreso y, como principal demócrata del Comité de Pequeñas Empresas, trabajé para ampliar el acceso al capital y abrir las puertas del mercado federal a las mujeres, las minorías y los veteranos. Uno de los logros de los que más me enorgullezco es la creación del programa de contratación Women-Owned Small Business (pequeñas empresas propiedad de mujeres), que se convirtió en ley en 2001 y ha ayudado a miles de mujeres emprendedoras a salir adelante.
Como presidenta de la Bancada Hispana del Congreso, trabajé con el presidente Obama para confirmar a la jueza Sonia Sotomayor como la primera latina en la Corte Suprema. Ayudé a elaborar importantes reformas tras la Gran Recesión y encabecé las iniciativas de apoyo a las pequeñas empresas durante la COVID.
He luchado por un sistema migratorio más humano que trate a las personas con dignidad. Cuando se anunció la prohibición de entrada a musulmanes (Muslim Ban) en 2017, me uní al congresista Jerry Nadler en el aeropuerto JFK para ayudar a liberar a dos viajeros detenidos. Momentos como ese me recuerdan por qué entré al servicio público.
Siempre he procurado ser una voz constante a favor de la paz en Washington. Me enorgullece haberme opuesto a la guerra de Irak y a otras intervenciones durante la Guerra Global contra el Terrorismo. En 2023, fui una de los 13 miembros de la Cámara que pidieron un alto el fuego inmediato en la terrible guerra de Gaza.
He conseguido cientos de millones de dólares para Nueva York destinados a limpiar nuestro medio ambiente, mejorar el transporte y apoyar a los residentes de viviendas públicas. Y a lo largo de mi carrera he defendido el derecho de Puerto Rico a la libre determinación, incluida la aprobación de la Puerto Rico Status Act (Ley del Estatus de Puerto Rico) en 2022.
Aún queda mucho por hacer, y siento la urgencia de este momento todos los días. Nuestro país enfrenta crisis en múltiples frentes. Cada día, la administración Trump trabaja para socavar los derechos civiles y nuestra democracia. Al mismo tiempo, el sueño americano se aleja cada vez más para los trabajadores a medida que se agrava la desigualdad de la riqueza y la vida se vuelve menos asequible. Pero creo en la resiliencia del pueblo estadounidense y en la capacidad de una nueva generación de líderes preparada para estos grandes desafíos. La reciente elección a la alcaldía de Nueva York demostró que los estadounidenses anhelan un cambio y están decididos a construir un futuro mejor. Mi distrito cuenta con muchísimos funcionarios electos, líderes comunitarios y activistas comprometidos, y tengo plena confianza en que NY-7 seguirá en buenas manos.
Quiero expresar mi profunda gratitud a mi familia, a mis amigos y al dedicado personal que me ha acompañado en cada paso del camino. Ninguno de los logros de mi carrera habría sido posible sin su apoyo. Gracias por creer en mí, apoyarme e impulsarme a ser mejor.
Todavía no sé qué me deparará el próximo capítulo, pero sé que seguiré luchando por la ciudad que amo y por el fin del estatus colonial de Puerto Rico. Servir a Nueva York ha sido el honor de mi vida. Siempre estaré agradecida por la confianza que mis electores depositaron en mí durante todos estos años.
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