Seth Moulton es veterano, padre de familia y demócrata, y representa a una nueva generación de líderes en Washington.1
Inspirado a servir al público por el mentor más importante de su vida, el gran pastor afroamericano reverendo Peter Gomes, se unió a la Infantería de Marina en 2001, días después de graduarse de la universidad y pocos meses antes de los atentados del 11 de septiembre. Al frente de un pelotón de infantería de primera línea en la primera compañía de marines que entró en Bagdad, más tarde trabajó para establecer medios de comunicación iraquíes libres e independientes, y fue enlace del general Petraeus con altos dirigentes militares y políticos iraquíes. Aunque criticó abiertamente la guerra de Irak, cumplió con orgullo cuatro despliegues, pues compartía la opinión de muchos de nuestros militares de que no quería que nadie fuera en su lugar.
Tras regresar de Irak, Seth utilizó el G.I. Bill para obtener títulos conjuntos en administración de empresas y políticas públicas, y luego se convirtió en director general de Texas Central, empresa que construye la primera línea ferroviaria de alta velocidad de Estados Unidos. Pero no pasó mucho tiempo antes de que lo llamaran a servir de nuevo, esta vez en su distrito natal de Massachusetts.
Seth desafió al establishment con una plataforma que proponía llevar una nueva generación de liderazgo a Washington, dispuesta a luchar por valores progresistas pero sin miedo al bipartidismo.
Nombrado el demócrata de primer mandato más eficaz en su primer período, Seth ha obtenido resultados de manera constante en un Washington dividido. Es el único miembro del Congreso que ha recibido dos Premios a la Democracia (Democracy Awards) de la Congressional Management Foundation: uno en 2018 por transparencia y otro en 2020 por ofrecer los mejores servicios a los electores de todo el Congreso. Sus iniciativas legislativas han logrado una atención más rápida para los veteranos, la designación de una línea nacional de prevención del suicidio de tres dígitos, la modernización de los viajes oficiales del gobierno y el seguro por discapacidad para las personas con ELA. Su American High-Speed Rail Act es el paquete de infraestructura más ambicioso y visionario que tiene hoy el Congreso, y recientemente redactó la G.I. Bill Repair Act para restituir por fin los beneficios negados durante tanto tiempo a los veteranos afroamericanos de la Segunda Guerra Mundial.
Hoy, Seth forma parte de tres comités. Como miembro del Comité de Presupuesto, promueve una nueva agenda económica que marque la diferencia para las familias estadounidenses. Como miembro del Comité de Servicios Armados de la Cámara, copresidió el Grupo de Trabajo sobre el Futuro de la Defensa, que recientemente publicó un informe bipartidista sin precedentes sobre las decisiones difíciles y las inversiones inteligentes que debemos hacer para garantizar nuestra seguridad nacional en las próximas décadas. Y es el líder del Congreso en materia de trenes de alta velocidad y otras infraestructuras de nueva generación en el Comité de Transporte e Infraestructura.
En su estado, Massachusetts, Seth trabaja incansablemente para apoyar a las pequeñas empresas locales y a los veteranos, promover los derechos civiles y hacer crecer la economía. Creó un grupo de trabajo intergubernamental modelo que ha impulsado más de $1,000 millones en fondos federales de desarrollo económico para la ciudad de Lynn, y forjó una alianza única entre pescadores y científicos para garantizar la sostenibilidad a largo plazo de las poblaciones de peces y de la economía pesquera local.
Lo más importante es que Seth es el orgulloso padre de dos niñas, Emmy y Caroline. Su maravillosa esposa, Liz, es ejecutiva de la industria deportiva, y viven en Salem, Massachusetts.
Mantener nuestro país seguro y protegido
En la Infantería de Marina, el lema de nuestra división era «no hay mejor amigo ni peor enemigo». Eso significa que tus aliados confían en ti y tus enemigos no dudan de tu determinación. Nuestro país no debería ser distinto. Pero el gobierno de Trump dio la espalda a nuestros amigos y se acercó a nuestros adversarios. Su errática política exterior debilitó al país, dejó en la estacada a nuestros aliados y envalentonó a nuestros adversarios en todo el mundo. Eso tiene que cambiar.
En materia de seguridad nacional, con demasiada frecuencia nuestra solución ha sido simplemente «más»: más barcos, más tropas, más gasto. Pero en lugar de luchar siempre con más, tenemos que luchar de forma más inteligente. Basta de construir sistemas de armas obsoletos y costosos: debemos asegurarnos de que nuestras tropas cuenten con la mejor tecnología para derrotar a nuestros adversarios y apoyar a nuestros aliados. Eso significa aumentar drásticamente nuestra inversión en armas autónomas, hipersónicas y cibernéticas, y seguir invirtiendo en investigación científica básica, educación e inmigración.
Pero para restablecer un liderazgo estadounidense fuerte, debemos usar todas las herramientas a nuestra disposición, desde la ayuda exterior hasta nuevas alianzas y la diplomacia, no solo la fuerza militar. Debemos construir nuevas alianzas, como una OTAN del Pacífico, para contrarrestar las crecientes amenazas de Rusia y China en el exterior. Y debemos cuidar de quienes nos cuidan, ya sea un aliado en el Acuerdo de París sobre el clima o los veteranos que combaten en nuestras guerras.
Nuestras tropas lo merecen y nuestra seguridad nacional lo exige.
Prevenir la violencia con armas de fuego
Como marine de Estados Unidos, porté un fusil de asalto en Irak. Me salvó la vida más de una vez. He visto lo que pueden hacer los fusiles de asalto. Nadie en Estados Unidos necesita tener un fusil de asalto. También llevaba dos granadas todos los días que estuve en Irak, pero en este país hemos decidido que nuestros ciudadanos no necesitan andar por ahí con granadas de mano. Debemos hacer lo mismo con las armas de asalto y otras armas de guerra. A nadie se le permite conducir un tanque por la autopista ni entrar en un centro comercial con granadas; a nadie debería permitírsele tener un arma de asalto.
Es hora de una reforma sensata sobre las armas de fuego. Podemos empezar por aprobar la prohibición de las armas de asalto y la verificación de antecedentes, impedir que las personas que figuran en la lista de exclusión aérea por terrorismo compren armas y hacer cumplir las leyes de alerta (red flag laws).
Garantizar atención médica, incluida la salud mental, para todos
La atención médica es un derecho humano básico, no un privilegio. Todos los estadounidenses merecen un seguro médico asequible, que no dependa de un empleo y que cubra todas las afecciones preexistentes, sin importar quiénes sean.
Por eso apoyo el plan original del presidente Obama para que los seguros médicos privados funcionen mejor, junto con una opción pública. La competencia es la piedra angular para que los estadounidenses obtengan primas más bajas, medicamentos más baratos y una excelente atención. Debemos emprender un cambio drástico para arreglar nuestro sistema de salud y debemos dar a los estadounidenses la libertad de elegir el plan que mejor les convenga.
Además, la salud mental debería convertirse en una parte habitual de la atención médica en nuestro país. Todos conocemos a alguien que tiene problemas de salud mental, o los tenemos nosotros mismos. Pero con demasiada frecuencia no hablamos de estos temas ni buscamos ayuda por el estigma que los rodea. Por eso logré aprobar un proyecto de ley para que el 988 sea la línea nacional de crisis de salud mental.
Es hora de acabar con el estigma en torno a estos temas y asegurarnos de que todos reciban el apoyo que necesitan.
Crear una economía que funcione para todos
Nuestra economía cambia con rapidez, y debemos dar a los estadounidenses las herramientas que necesitan para prosperar en la nueva economía, no en la antigua. Eso significa invertir en infraestructura, repensar nuestro sistema educativo y reescribir las reglas de nuestra economía para construir un Estados Unidos donde el trabajo duro rinda frutos.
Debemos aprobar una reforma tributaria demócrata que garantice que todos paguen lo que les corresponde. Eso significa, como mínimo:
- Revertir los recortes de impuestos de Trump y subir las tasas para las empresas y las personas de mayores ingresos.
- Gravar las ganancias de capital con la misma tasa que se aplica a los estadounidenses trabajadores.
- Financiar al IRS para que se audite a quienes recurren a refugios fiscales y a quienes evaden impuestos, y no a los estadounidenses comunes.
También debemos crear igualdad de oportunidades en este país cerrando las brechas de financiamiento escolar, para que la calidad de la educación no dependa del código postal; mejorando los programas de desarrollo de la fuerza laboral para que más estadounidenses obtengan empleos bien remunerados, y haciendo que la universidad sea asequible para revivir el sueño americano, que ha quedado fuera del alcance de tantos.
Apoyar a nuestros veteranos
Nuestros veteranos sacrifican tanto para protegernos en el extranjero que es nuestra responsabilidad asegurarnos de que reciban la atención que necesitan cuando regresan a casa.
Los veteranos corren un alto riesgo de enfrentar problemas de salud mental: el 50 % de los veteranos que sufren estrés postraumático (PTS) no recibe ayuda, y 22 veteranos o miembros en servicio activo se suicidan cada día.
Mi plan para que los chequeos de salud mental sean tan habituales como un examen físico para los militares en servicio activo y los veteranos:
- Exigiría chequeos anuales de salud mental, igual que los exámenes físicos anuales. La formación en atención plena (mindfulness) es medicina preventiva, como lo demuestran hoy la comunidad de operaciones especiales y otras unidades de élite.
- Además, exigiría una sesión obligatoria de orientación psicológica para todas las personas que regresen de un despliegue de combate, dentro de las dos semanas siguientes a su llegada a casa.
- Cubriría todas las vacantes de salud mental en el Departamento de Asuntos de Veteranos (VA) y adoptaría un enfoque de tratamiento más integral, que incluya terapias alternativas como la atención plena, el ejercicio y el cannabis. Financiaría una campaña publicitaria para que las familias de los veteranos reconozcan los síntomas de problemas de salud mental.
Reformar nuestro sistema de inmigración
Necesitamos una vía hacia la ciudadanía para todas las personas que viven en Estados Unidos. Me enorgullece haber copatrocinado y votado a favor de HR 6, la Dream and Promise Act, que crearía una vía hacia la ciudadanía para los Dreamers, que son estadounidenses en todo menos en los papeles. Debería ser ley.
No deberíamos recortar la ayuda exterior, cerrar la frontera ni construir un muro. Deberíamos invertir en ayuda exterior focalizada en el Triángulo Norte, para hacer frente a la violencia que expulsa a las personas de sus hogares y las empuja hacia nuestras fronteras.
Cuando el presidente separó a las familias y encerró a niños en jaulas, alcé la voz y luché en contra. Encabecé una delegación al lado mexicano de la frontera y me reuní con veteranos deportados, una expresión que ni siquiera debería existir.
Defender la igualdad de todos los estadounidenses
En nuestro país existe el racismo sistémico, y una de las cosas más importantes que he aprendido en los últimos meses es lo extendido que está aquí mismo, en nuestra comunidad. Es una lección difícil de aprender.
Todavía sentimos las repercusiones del pasado y debemos hacerles frente. Necesitamos tener en este país una conversación que debió haberse dado hace décadas. Soy copatrocinador de HR40, que crearía una comisión para estudiar las reparaciones. También presenté la GI Bill Restoration Act, que busca corregir injusticias históricas extendiendo los beneficios de vivienda y educación del GI Bill a ciertos descendientes directos de veteranos afroamericanos de la Segunda Guerra Mundial, a quienes se les negaron.
También creo que debemos replantear la forma en que se ejerce la labor policial en este país. Deberíamos destinar fondos de los departamentos de policía a los servicios sociales; pasar de perseguir el delito a prevenirlo, y ofrecer más apoyo de salud mental a las personas de nuestras comunidades antes de que queden atrapadas en el sistema de justicia penal.
Afrontar la crisis climática
Hoy enfrentamos dos grandes desafíos en este país. El primero es que nuestra economía cambia más rápido que nunca y los estadounidenses de todas partes se están quedando atrás. El segundo es el cambio climático. Por eso necesitamos un Green New Deal (Nuevo Pacto Verde): porque, si lo hacemos bien, podemos resolver ambos problemas a la vez.
El Green New Deal debe construirse en torno a los empleos verdes y la energía limpia, la descarbonización y las tecnologías de vanguardia, y el acceso a la energía verde para el mundo en desarrollo, y Estados Unidos debe liderar el aprovechamiento de esta oportunidad moral y económica. Podemos encabezar el mundo en tecnología y empleos verdes, y deberíamos fijar los estándares que sigan otros países.
El New Deal allanó el camino hacia una economía fuerte y el liderazgo estadounidense en el siglo pasado. Demos forma al Green New Deal para que Estados Unidos lidere en este.
Construir la infraestructura del futuro
Podemos reconstruir nuestra economía reconstruyendo nuestro país. Eso empieza por conectar todos los hogares de Estados Unidos a internet de alta velocidad asequible. Y significa no solo reparar nuestras carreteras, puentes y tuberías de agua, sino construir transporte de nueva generación, como el tren de alta velocidad, porque todas las personas deberían tener acceso a buenos empleos en su región y la posibilidad de volver a casa después del trabajo a tiempo para cenar.
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