“Es el honor de mi vida haber sido elegido el 56.º presidente de la Cámara de Representantes (Speaker). Como presidente de la Cámara, me aseguraré de que la Cámara obtenga resultados e impulse el cambio para el pueblo estadounidense. Restableceremos la confianza en esta institución. Impulsaremos una agenda integral de políticas conservadoras, combatiremos las políticas perjudiciales de la administración Biden y apoyaremos a nuestros aliados en el exterior. Y devolveremos la sensatez a un gobierno que la necesita desesperadamente”.1
El congresista Mike Johnson es un miembro republicano del Congreso que representa con orgullo al Cuarto Distrito de Luisiana. Representa a cerca de 760,000 residentes de 15 parroquias del noroeste y el oeste del estado. Mike fue elegido por primera vez a la Cámara de Representantes de EE. UU. el 10 de diciembre de 2016, con el mayor margen de victoria en su región en más de 50 años, y actualmente cumple su tercer mandato en el Congreso.
En enero de 2021, sus colegas eligieron a Mike vicepresidente de la Conferencia Republicana de la Cámara, uno de los siete puestos electos de liderazgo de los republicanos en la Cámara de Representantes. En esta función de liderazgo, Mike ayuda a orientar a sus colegas republicanos en la defensa de los principios y las políticas conservadoras fundamentales. Mike también es coordinador adjunto de bancada (assistant whip) en el 117.º Congreso, para ayudar a poner en marcha la agenda republicana. Anteriormente tuvo el honor de presidir el Comité de Estudio Republicano (Republican Study Committee), el mayor caucus de conservadores del Congreso, conocido como “el arsenal intelectual del conservadurismo en la Cámara”.
Con dos décadas de experiencia previa en derecho constitucional, Mike forma parte del Comité Judicial de la Cámara y es el republicano de mayor rango en su Subcomité de la Constitución, Derechos Civiles y Libertades Civiles. También integra el Comité de Servicios Armados de la Cámara y tiene el honor de representar a la Base de la Fuerza Aérea Barksdale, sede del Comando de Ataque Global de la Fuerza Aérea, y a Fort Polk y el Centro de Entrenamiento de Preparación Conjunta del Ejército, así como al centro de entrenamiento Camp Minden de la Guardia Nacional de Luisiana y otras instalaciones militares.
Mike es un esposo dedicado, padre de cuatro hijos y abogado que ha consagrado su vida y su carrera a luchar por las libertades fundamentales y los valores tradicionales que siempre han sido una prioridad para la gente de Luisiana. Durante casi 20 años litigó con éxito casos de derecho constitucional de gran repercusión ante tribunales de distrito y de apelación de todo el país, y es ampliamente reconocido como uno de los principales defensores del derecho a la vida, la libertad religiosa, la libertad de expresión, la Segunda Enmienda y los principios del libre mercado. En su práctica jurídica, redactó leyes emblemáticas para numerosos estados y municipios y asesoró legalmente a miembros del Congreso, gobernadores, legislaturas estatales, concejos municipales, juntas escolares, agencias de las fuerzas del orden, ministerios religiosos y organizaciones sin fines de lucro de todo el país.
Mike consolidó su reputación de conservador íntegro y de principios cuando sirvió en la Legislatura de Luisiana de febrero de 2015 a enero de 2017. Fue elegido dos veces a la legislatura estatal sin oposición y tuvo el honor de ser nombrado vicepresidente del Comité Judicial de la Cámara estatal y miembro del Comité Selecto de Liderazgo. Como legislador, tanto en la capital del estado como ahora en la capital del país, ha recibido los máximos reconocimientos de grupos empresariales e industriales, de defensa del gobierno limitado y provida y profamilia.
Hijo mayor de un bombero de Shreveport que sufrió quemaduras graves y quedó discapacitado en el cumplimiento del deber, Mike aprendió desde temprano el valor del trabajo duro, el honor y el sacrificio. Conoce de manera práctica los desafíos que enfrentan los dueños de pequeñas empresas porque él mismo, al igual que sus padres y abuelos, es uno de ellos. Mike también ha sido profesor universitario, locutor de radio y columnista conservador, portavoz ante los medios de las mayores organizaciones de libertad religiosa de Estados Unidos, instructor de seminarios de derecho constitucional y miembro de la junta directiva de organizaciones nacionales y de numerosos grupos comunitarios y ministerios religiosos.
Mike obtuvo su título de abogado (Juris Doctor) en el Paul M. Hebert Law Center de Louisiana State University en 1998, donde fue seleccionado como miembro del Moot Court Board y del equipo nacional de tribunal simulado (National Moot Court Team), y fue elegido presidente de su clase y presidente de la Christian Legal Society. Obtuvo su licenciatura en Administración de Empresas en Louisiana State University en 1995, donde fue seleccionado para Leadership LSU y para la sociedad honoraria Order of Omega, perteneció a la fraternidad Kappa Sigma y presidió el Consejo Interfraternidades de LSU.
Mike y su esposa Kelly, exmaestra de la parroquia de Webster y hoy consejera pastoral con licencia, están casados desde 1999 y tienen cuatro hijos: Hannah, Abigail, Jack y Will. Actualmente residen en la parroquia de Bossier.
Responsabilidad fiscal
Como el gobierno se ha negado a vivir según sus posibilidades, Estados Unidos enfrenta una crisis de deuda y de gasto sin precedentes. La deuda federal supera ya los $26 billones, y nuestro rumbo fiscal actual es insostenible y peligroso: pone en riesgo el crecimiento económico, la estabilidad del país y la seguridad de las generaciones futuras. El Congreso tiene el deber moral y constitucional de resolver la crisis, controlar el gasto, equilibrar el presupuesto federal, reformar y modernizar los programas de prestaciones, eliminar el fraude, el despilfarro y el abuso, seguir impulsando reformas tributarias a favor del crecimiento y reducciones de impuestos permanentes, y restablecer el orden regular y la rendición de cuentas en los procesos presupuestarios y de asignaciones.
Libre mercado
Con frecuencia, el gobierno es el mayor obstáculo para el progreso y la prosperidad de un pueblo libre. El libre mercado y los acuerdos de libre comercio permiten la innovación, la mejora y la expansión económica, ya que quienes asumen riesgos, los emprendedores y los dueños de empresas tienen la libertad de perseguir el sueño americano y de crear más empleos y movilidad social para más personas. Creemos que se debe fomentar la competencia y limitar la intervención y la regulación del gobierno. Las personas están más capacitadas que los burócratas para tomar decisiones sobre su propia vida y sus finanzas, y el sector privado superará al sector público prácticamente en cualquier escenario. El sistema de libre empresa recompensa el trabajo duro y el sacrificio personal, y es la base y el genio de la economía estadounidense.
Dignidad humana
Como todos los hombres son creados iguales y a imagen de Dios, toda vida humana tiene una dignidad y un valor inestimables, y cada persona debe ser juzgada únicamente por su carácter. Un gobierno justo protege la vida, honra el matrimonio y la familia como instituciones primordiales de una sociedad sana y acoge la influencia cultural vital de la religión y la moral. Las políticas públicas siempre deben fomentar la educación y destacar la virtud del trabajo duro como camino para salir de la pobreza, mientras que los programas de asistencia pública deben reservarse solo para quienes realmente los necesitan. En Estados Unidos, todo aquel que cumple las reglas debe tener una oportunidad justa. Al preservar estos ideales, mantendremos la bondad de Estados Unidos, que ha sido el secreto de nuestra grandeza.
Libertad individual
El nacimiento de nuestra gran nación se inspiró en la audaz declaración de que nuestras libertades individuales, otorgadas por Dios, debían preservarse frente a la intromisión del gobierno. Esa misma convicción guía todavía hoy nuestras decisiones de política conservadora.
En Estados Unidos proclamamos las verdades evidentes de que todos somos creados iguales y de que Dios nos ha concedido las mismas libertades inherentes, como los derechos naturales e inalienables a la vida, la libertad, la libertad de conciencia, la libertad de expresión y el libre ejercicio de la religión, así como la posibilidad de buscar la felicidad, tener propiedades, generar riqueza y defendernos a nosotros mismos y a nuestras familias. El propósito del gobierno es garantizar estos derechos, y las ideas que impulsamos deben aspirar siempre a mantener y ampliar la libertad del pueblo estadounidense.
Gobierno limitado
Para defender la libertad individual, es necesario reducir el gobierno. Creemos, como nuestros fundadores, que un gobierno legítimo solo actúa con el consentimiento de los gobernados y que es más eficiente y menos corrupto cuando su tamaño y su alcance son limitados. Aplicada tal como está escrita, nuestra incomparable Constitución ofrece importantes salvaguardas contra la intromisión del gobierno, una separación de poderes vital y un necesario sistema de controles y contrapesos. El federalismo, la descentralización de la autoridad y la eliminación de regulaciones y burocracia innecesarias ayudan a garantizar que el gobierno sirva al pueblo, y no al revés. La mejor protección contra la generosidad desmedida del gobierno es un electorado comprometido e informado.
Paz mediante la fuerza
La primera obligación del gobierno federal es proveer a la “defensa común” de Estados Unidos protegiendo nuestra patria y nuestros intereses estratégicos en el exterior. Como Estados Unidos desempeña un papel natural de liderazgo moral en un mundo cada vez más peligroso, y la debilidad invita a la agresión, debemos seguir siendo la mayor potencia militar del planeta, plenamente preparada y capaz de derrotar a cualquier adversario, tirano o terrorista, en cualquier circunstancia y en cualquier momento. Se necesita una inversión adecuada para mantener la capacidad de combate aérea, terrestre, marítima, nuclear y cibernética.
Estado de derecho
El nuestro es “un gobierno de leyes y no de hombres”, y el estado de derecho es nuestro fundamento. Para mantener una libertad ordenada y una sociedad civilizada, se deben fomentar las virtudes públicas y privadas, y la justicia debe administrarse de manera igual e imparcial para todos. Cada poder del gobierno debe ceñirse a la Constitución, y no se debe permitir que el poder judicial asuma o ejerza facultades legislativas o ejecutivas. La transparencia y la rendición de cuentas son claves para el buen gobierno, y el Congreso debe cumplir fielmente su responsabilidad constitucional de supervisión.
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