Dwight Evans ha dedicado su vida a la causa de la renovación urbana, trabajando para dar voz a quienes con demasiada frecuencia viven en las sombras: los pobres y los desatendidos. Su compromiso ha hecho posible el renacimiento de barrios antes deteriorados a lo largo de Ogontz Avenue, en West Oak Lane, una zona que hoy atrae a la clase media. Durante más de treinta años, Dwight ha trabajado para reconstruir los barrios cuadra por cuadra, y su compromiso ha dado frutos.1
Ahora que se ha disipado la niebla de la Gran Recesión, en gran parte gracias a la administración del presidente Obama, Dwight cree que es el momento de una nueva política nacional para las ciudades de Estados Unidos. Dwight afirma que hay demasiados barrios que llevan cuarenta años vaciándose, mientras el financiamiento federal para nuestras ciudades ha disminuido.
Segundo de cinco hermanos, Dwight creció en el norte de Filadelfia. Hoy vive en el mismo barrio, a solo diez cuadras de donde vivía cuando iba a la escuela secundaria. Después de graduarse del Community College of Philadelphia y de LaSalle, Dwight comenzó a trabajar como maestro en el Distrito Escolar de Filadelfia. Luego trabajó para la Urban League y se convirtió en activista comunitario, trabajando para frenar el deterioro urbano y reducir la delincuencia en su barrio.
En 1980, Dwight Evans fue elegido por primera vez representante estatal por el distrito legislativo 203 y asumió el cargo a los 26 años. Lejos de ser un legislador conformista que se dejaba llevar por la corriente, Dwight destacó por su tenacidad para ayudar a las personas a quienes representa. En 1986, Dwight encabezó un esfuerzo histórico y muy reñido para lograr la aprobación de un nuevo centro de convenciones en Filadelfia, que desde entonces ha generado un impacto económico de decenas de miles de millones de dólares y ha creado miles de empleos.
Dwight hizo historia en 1990 al convertirse en el primer afroamericano en presidir el Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes estatal. Dwight ocupó ese puesto durante dos décadas, en las que fue clave para que Filadelfia recibiera fondos para iniciativas de desarrollo económico, capacitación laboral y educación.
Defensor de los maestros y de la innovación educativa, Dwight ayudó a fundar la West Oak Lane Charter School, una escuela sindicalizada que ha educado a miles de niños desde el kínder hasta el octavo grado.
Uno de los logros de los que Dwight se siente más orgulloso es su trabajo para combatir el hambre y ampliar el acceso a alimentos de calidad. Encabezó la Fresh Food Financing Initiative (Iniciativa de Financiamiento de Alimentos Frescos) de Pensilvania, que combinó fondos públicos y privados para ofrecer opciones de supermercados en zonas desatendidas. Gracias a este esfuerzo, casi 100 supermercados se instalaron en zonas que antes no tenían tiendas de alimentos de calidad, y se crearon más de 5,000 empleos. La administración Obama respaldó el enfoque de Dwight y usó la iniciativa de Pensilvania como modelo para el país, reproduciéndola en varias otras ciudades del país, incluidos California, Nueva York, Nueva Jersey, Luisiana e Illinois. Evans continúa hasta hoy su lucha por acabar con los “desiertos alimentarios” en Filadelfia.
Dwight cree que ha llegado el momento de que Estados Unidos preste atención a un hecho: pese a que la población es cada vez más urbana, Washington ha ignorado la necesidad de un plan urbano federal. Desde 1975, la población de las ciudades estadounidenses ha crecido en 100 millones de personas. Sin embargo, el financiamiento federal para combatir la pobreza, ofrecer mejores viviendas y escuelas y crear empleos no ha seguido el mismo ritmo. El programa Community Development Block Grant (subvenciones en bloque para el desarrollo comunitario), destinado a combatir la pobreza, ofrecer vivienda asequible y desarrollar infraestructura, aporta menos fondos per cápita que hace cuarenta años. Y en este siglo, el programa se ha recortado un 46 %.
Para Filadelfia, el resultado es que es la gran ciudad más pobre de Estados Unidos, con 200,000 personas que viven en “pobreza extrema”, mientras que decenas de miles más viven simplemente “en la pobreza”. Nuestro sistema escolar está en crisis. Y todo esto ocurre mientras se han perdido empleos y los salarios se han estancado.
Dwight Evans será la voz de todos los que viven a la sombra de la vida y quieren barrios limpios, seguros y asequibles, con acceso a empleos y buenas escuelas. Evans será la voz de las ciudades estadounidenses en el Congreso y trabajará para construir una Filadelfia más fuerte.
Acceso a alimentos frescos
La Fresh Food Financing Initiative de Pensilvania, que Dwight Evans impulsó, se ha convertido en un modelo para el país. La FFFI recibió 206 solicitudes de todo Pensilvania, y hasta junio de 2010 se habían financiado 88 supermercados. En total, se aprobaron más de $73.2 millones en préstamos y $12.1 millones en subvenciones. Los supermercados nuevos y ampliados crearon más de 5,000 empleos.
La Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard nombró a la FFFI una de las principales innovaciones gubernamentales del país. El éxito de la FFFI convirtió su estructura público-privada en un modelo para otras ciudades y estados comprometidos con mejorar el acceso a los alimentos, como Nueva Orleans, Nueva York, Nueva Jersey, California, Colorado e Illinois. La primera dama Michelle Obama hizo del modelo de la FFFI un pilar fundamental de su campaña Let’s Move! para prevenir la obesidad infantil, y la administración Obama creó la Healthy Food Financing Initiative (HFFI) nacional para financiar la creación y el equipamiento de supermercados, pequeños comercios, tiendas de barrio y mercados de agricultores que venden alimentos saludables en zonas desatendidas de todo el país. Esto demuestra cómo las iniciativas locales, incluidas las que Dwight Evans creó aquí en Filadelfia, pueden servir de modelo nacional y sentar las bases de programas federales.
Dwight Evans quiere ampliar esos esfuerzos en el Congreso. Así es como lo hará:
Promover las fuentes locales de alimentos. A nivel nacional existe un movimiento hacia el consumo de alimentos producidos localmente. Más de ocho de cada 10 consumidores dicen confiar en que las granjas familiares de menor escala producen alimentos seguros y nutritivos. Esas mismas personas están mucho menos seguras de recibir productos de calidad de las grandes explotaciones industriales y están dispuestas a pagar más por alimentos locales de alta calidad. Algunos ejemplos de políticas para promover las fuentes locales de alimentos son:
Programas de la granja a la escuela: pueden incluir desde la participación de los estudiantes en huertos dentro de los terrenos escolares hasta ayudar a los niños a cocinar y servir alimentos locales en los comedores escolares.
Compra local de alimentos para escuelas, hospitales, cárceles y otras instituciones. El gobierno federal puede incentivar la compra local por parte de estas instituciones ancla.
Agricultura urbana: podemos asegurarnos de eliminar las restricciones de zonificación y otros obstáculos a la agricultura urbana en beneficio de los agricultores actuales y futuros dentro de los límites de la ciudad. Boston ya cede terrenos municipales a asociaciones público-privadas por $1 por huerto, y su Grassroots Program financia la creación y renovación de huertos comunitarios. Otra medida que puede tomar para sumar huertos comunitarios es seguir el ejemplo de Seattle y fijarse la meta de un huerto comunitario por cada 2,500 hogares. Para lograrlo, la ciudad debería destinar fondos cada año a adquirir propiedades para convertirlas en huertos comunitarios.
Mercados de agricultores: identificar los “desiertos alimentarios” y trabajar con líderes locales y agricultores para establecer mercados de agricultores en esos lugares.
Huertos vecinales: podemos identificar lotes baldíos o con propiedades abandonadas que puedan convertirse en huertos vecinales.
Vivienda asequible
No puede haber un barrio sin vecinos. Así como las empresas necesitan clientes y trabajadores, la mayoría de los cuales vienen de los alrededores, para prosperar, las familias necesitan barrios que satisfagan sus necesidades, incluidos negocios donde puedan encontrar alimentos, ropa, entretenimiento y otros bienes, y donde puedan trabajar y ganarse la vida. Pero, al fin y al cabo, necesitan viviendas seguras, saludables, dignas y asequibles para poder vivir en los barrios donde trabajan, compran, se divierten y aprenden.
Si queremos atraer más empresas y crear más empleos, necesitamos construir más viviendas: vivienda para trabajadores, vivienda asequible e ideas innovadoras como las microunidades. Debemos comprometernos con un plan ambicioso para construir decenas de miles de nuevas unidades de vivienda que ayuden a aliviar el alto costo de la vivienda que agobia a muchas familias. Es imprescindible hacerlo para que nuestra economía siga en marcha. Necesitamos políticas de vivienda que permitan a los residentes planificar sus comunidades, creen más unidades de vivienda asequible, apoyen objetivos más amplios de desarrollo económico, preserven la estabilidad de los barrios y ayuden a quienes enfrentan crisis de vivienda.
En el Congreso, Dwight Evans promoverá un plan ambicioso para construir viviendas en nuestras ciudades a fin de que las empresas puedan crecer en ellas y sus trabajadores puedan vivir allí. Debemos:
Aumentar la densidad en el centro de cada barrio para que el desarrollo llegue sin desplazar a los residentes actuales, ayudándolos en lugar de perjudicarlos.
Devolver a un uso productivo las propiedades abandonadas, vacías y deterioradas. El gobierno federal puede apoyar los esfuerzos municipales en este sentido no solo financiando iniciativas como campañas de información pública entre agencias, la derivación de propietarios a la ayuda municipal y las acciones de ejecución hipotecaria y administración judicial, sino también liberando fondos del TARP destinados a rescatar a los bancos que promovieron hipotecas imprudentes, para usarlos en la demolición y reconstrucción de propiedades abandonadas, lo que haría los barrios más seguros, detendría el deterioro cuadra tras cuadra y crearía miles de empleos bien remunerados en el centro de las ciudades.
Y evitar que más viviendas terminen en ese estado. Debemos ayudar a los propietarios con dificultades para que el descuido de sus viviendas no contribuya al deterioro del barrio y desate una espiral descendente imparable. Los gobiernos federal, estatal y local pueden financiar servicios continuos de rehabilitación de viviendas, tanto de emergencia como de salud y seguridad básicas, para hogares de bajos ingresos y de personas mayores; en este último caso, con la ventaja de reducir el riesgo de caídas, que encarece los cuidados a largo plazo y los costos de Medicaid. Los programas de incentivos con reembolsos por mejoras exteriores de las viviendas también ayudarían a mantener el valor no solo de cada vivienda, sino de toda la cuadra. Son “bienes públicos” que requieren inversión del sector público.
Ayudar a los propietarios a refinanciar sus préstamos en condiciones más acordes con su situación financiera. Varios estados, aunque ni de lejos todos, han aprobado programas que permiten a los propietarios con hipotecas en problemas refinanciarlas a tasas fijas más bajas; esto les permite conservar su vivienda y seguir pagando la hipoteca, y evita que las propiedades queden vacías, de modo que ganan las familias, los bancos y las comunidades. Una organización sin fines de lucro de Boston, City Life, puso en marcha un enfoque alternativo por el cual compra viviendas en ejecución hipotecaria y las revende al propietario original a un precio más bajo. Se trata de un problema nacional que provocó la Gran Recesión y que hoy deprime la economía e impide una recuperación plena; se necesita una respuesta nacional.
Ampliar la vivienda con apoyo del empleador. Las instituciones médicas y educativas en particular, que figuran entre los principales empleadores de muchos barrios urbanos, tienen un interés directo en que sus empleados y estudiantes puedan costear viviendas dignas cerca, porque eso les ayuda a atraerlos, retenerlos y lograr que tengan éxito. El gobierno puede ofrecer incentivos financieros para aumentar o compensar las contribuciones privadas, facilitar la colaboración con organizaciones sin fines de lucro para trabajar con estas instituciones en el diseño y la gestión de programas de beneficios de vivienda, y alentarlas a asumir un papel de liderazgo en la defensa de nuevos desarrollos y cambios de políticas que puedan atender las necesidades locales.
Fomentar la propiedad de vivienda. Los gobiernos estatales y locales toman muchas medidas para lograrlo, y el gobierno federal puede ayudar a respaldarlas: clases para compradores de vivienda por primera vez, programas de hipotecas asequibles con segundo préstamo en condiciones favorables (soft-second) e iniciativas para atraer y renovar la participación de los bancos en los programas de vivienda asequible. Como legislador estatal, puse en marcha un programa House Party que reunía a bancos, agentes inmobiliarios y posibles propietarios para comprar y rehabilitar viviendas abandonadas en el noroeste de Filadelfia. Ampliaré ese esfuerzo a todo el segundo distrito congresional y alentaré al HUD a hacer lo mismo en todo el país.
Promover la zonificación inclusiva. Muchas grandes ciudades, como Boston, Chicago, Los Ángeles, San Diego y Oakland, cobran a los nuevos desarrollos cargos de vinculación (linkage fees) que obligan a los promotores a incluir vivienda asequible en el proyecto o, de lo contrario, a aportar fondos a fideicomisos vecinales de vivienda asequible y creación de empleo. Esto debería ser un requisito de todo apoyo federal al desarrollo, ya sea a través de fondos de vivienda, transporte, desarrollo económico u otros.
Vivienda saludable: la vivienda asequible también debe ser vivienda saludable. Recomendaciones del National Center for Healthy Housing para la vivienda asequible:
- Políticas libres de pesticidas en aerosol y libres de humo;
- Medidas de ahorro de energía;
- Buena ventilación; y
- Eliminación de fugas de agua y uso de accesorios que ahorren agua.
Estas políticas deberían aplicarse a toda nueva construcción del Departamento de Desarrollo Vecinal de la ciudad, que debería seguir estas recomendaciones, y deberíamos alentar a la Autoridad de Vivienda de Boston y a las organizaciones de desarrollo comunitario a hacer lo mismo. También se debería adaptar el parque de viviendas existente y adoptar políticas para ponerlas en práctica.
Paisaje urbano e infraestructura vial
Dwight Evans apoya desde hace mucho tiempo el transporte público urbano. En la legislatura, Dwight trabajó intensamente para asegurar ingresos estatales específicos, previsibles y suficientes para el transporte público en todo el estado (Commonwealth). En 1991, Dwight ayudó a establecer el Public Transportation Assistance Fund (Fondo de Asistencia al Transporte Público), la primera fuente de financiamiento específica (Ley 26) para el transporte público. En 2005 impulsó la creación de una Comisión de Financiamiento y Reforma del Transporte, una iniciativa adoptada por el entonces gobernador Ed Rendell que propuso estrategias para estabilizar el financiamiento del transporte. Y Dwight trabajó arduamente por la aprobación de la Ley 89 de 2013, que estableció un plan integral de financiamiento del transporte para todo el estado.
En el Congreso, Dwight Evans seguirá trabajando para redirigir el financiamiento federal que hoy se destina a ampliar autopistas hacia las zonas periurbanas, lo que ha vaciado las ciudades y los centros urbanos y ha destruido innumerables barrios llenos de vida, y para promover en su lugar el transporte público, que conectará a más personas con empleos, aumentará la sostenibilidad ambiental, reducirá aún más la dependencia del petróleo extranjero, acortará los tiempos de traslado y mejorará la calidad de vida de más estadounidenses. Pero debemos ir más allá y cambiar nuestra forma de pensar sobre la movilidad urbana en general, para impulsar nuestros centros comerciales de barrio y hacer que nuestros barrios sean más habitables. El gobierno federal debe ayudar a las ciudades a:
Hacer más seguras las calles con:
- Cruces peatonales.
- Sincronización de semáforos.
- Patrones de circulación diseñados para reducir el riesgo para los peatones.
- Menos vehículos per cápita, gracias a programas de bicicletas y automóviles compartidos y a un mejor acceso peatonal.
- Incorporar las medidas anteriores a la pavimentación y el mantenimiento habituales de las calles. Por ejemplo, en Seattle, al repavimentar una calle se pueden considerar mejores configuraciones dentro del derecho de vía existente para crear espacio para los ciclistas o mejorar la circulación de los automóviles. También se puede señalar el lugar como necesitado de un estudio más detallado más adelante, cuando se le puedan asignar más fondos. Añadir señales de alto más visibles y pintar líneas de detención en la calzada mejora mucho el entorno para los peatones y puede hacerse a bajo costo durante las obras de repavimentación o de rediseño de intersecciones.
Promover el desarrollo orientado al transporte público. El desarrollo orientado al transporte público consiste en desarrollos mixtos comerciales y residenciales concentrados en torno a las paradas de transporte público. Uno de los mejores ejemplos de una asociación público-privada muy exitosa es el Pearl District de Portland, un barrio nuevo construido a lo largo de una línea de tranvía. El tranvía de Portland ayudó a la ciudad a alcanzar varios objetivos, como la creación de más vivienda asequible, paisajes urbanos atractivos y eficientes y parques y espacios públicos, a la vez que atrajo nueva inversión privada. Estas inversiones públicas y privadas también generaron un gran volumen de nueva actividad comercial en el centro. El tranvía ha tenido tanto éxito en estimular el desarrollo económico que decenas de ciudades de EE. UU. intentan ahora emular el modelo de desarrollo orientado al transporte público del Pearl District.
Hacer las calles más amigables para las bicicletas, señalizando claramente los carriles para bicicletas e instalando detectores de bicicletas en las intersecciones para que los ciclistas puedan activar el semáforo por sí mismos (en lugar de tener que esperar a que lo active un vehículo). Estos cambios pueden incorporarse a las obras habituales de pavimentación y mantenimiento, lo que reduce los costos. Además, instalar estacionamientos para bicicletas en las zonas comerciales es otra técnica de bajo costo que indica a los ciclistas que son bienvenidos en la zona. En noviembre de 2012, el Departamento de Transporte de Nueva York publicó un informe titulado Measuring the Street: New Metrics for the 21st Century, que demostraba que los carriles para bicicletas benefician a los comercios locales, por la razón bastante obvia de que a los ciclistas les resulta más fácil detenerse a comprar que a los conductores.
Crear buenos empleos
Tras décadas de ser un corredor comercial lleno de vida, bullicioso y con encanto, la cuadra 7100 de Ogontz Avenue comenzó a decaer a principios de la década de 1970.
Para 1981, Ogontz Plaza, el corazón de esta cuadra antes pujante, se había convertido en un espacio vacío, deteriorado y lleno de grafitis. El edificio de apartamentos Ogontz Hall padecía condiciones indeseables, y muchas otras propiedades de las avenidas Ogontz y 72nd también estaban vacías y en ruinas. Finalmente, en 1983, la comunidad dijo basta. Los residentes del barrio se unieron para idear una solución a su problema persistente: una corporación local de reurbanización.
Tras su creación, la Ogontz Avenue Redevelopment Corporation (OARC) trabajó con funcionarios electos, agencias de gobierno, bancos, universidades locales y diversas organizaciones e instituciones, y formó alianzas con promotores privados para completar Ogontz Plaza (1987), Ogontz Hall (1992) y Ogontz III (1995), lo que ayudó a devolver al corredor la vida y el bullicio que tuvo en otro tiempo.
Otros proyectos de desarrollo que Dwight Evans impulsó tras el surgimiento de la OARC: la sede de Concerned Black Men (1994), el NIA Center (1995), la West Oak Lane Charter School (1998) y el Amoco/McDonald’s de Stenton Avenue (2000). La OARC es responsable del desarrollo de decenas de unidades de vivienda y ha impulsado la creación de muchos negocios privados en West Oak Lane que han generado cientos de empleos en la comunidad y han mejorado en general la calidad de vida en uno de los mejores barrios de Filadelfia.
Necesitamos aplicar este mismo enfoque integral en los barrios de todo el país: cooperación entre los sectores público, privado y sin fines de lucro; “centros” de barrio como núcleos del desarrollo; una amplia variedad de instituciones ancla (comerciales, financieras, educativas, culturales) en cada núcleo; conexiones entre estas instituciones, y entre los distintos núcleos, para formar una red próspera y dinámica; crecimiento desde dentro que se extienda hacia fuera, y capital de inversión inicial para catalizar ese crecimiento.
Eso es lo que Dwight Evans trabajará por llevar a todos los barrios de Estados Unidos, tal como lo hizo por Filadelfia como legislador estatal:
Reconstruir las calles principales y las calles secundarias. El programa nacional Main Streets ha ayudado a revitalizar las zonas comerciales de los centros de barrio en todo el país. Aunque el National Trust for Historic Preservation ofrece asesoría y asistencia, los programas Main Street son iniciativas totalmente locales: la iniciativa, el esfuerzo y el financiamiento provienen de ciudadanos y líderes empresariales locales. Este nivel de compromiso local es una parte esencial del programa y debe preservarse, pero los barrios con dificultades podrían beneficiarse de la ayuda federal para catalizar el éxito. Dwight Evans trabajará para garantizar un flujo constante de fondos para estas iniciativas. Dwight también trabajará para reproducir el programa similar Back Street, creado en Boston en 2001 para atender el deterioro de los espacios industriales en los barrios de la ciudad, que desde entonces ha servido de modelo para iniciativas similares en Nueva York, Filadelfia y San Francisco. Por ejemplo, 19 distritos comerciales de barrio de Boston han participado en el programa Boston Main Streets desde 1995, lo que ha dado lugar a la creación de más de 1,000 nuevos negocios y más de 6,500 nuevos empleos.
Apoyar a las pequeñas empresas desde la propia comunidad. Hoy el progreso tecnológico está en el epicentro del crecimiento, y es incluso más importante que el capital, la mano de obra y los recursos. En los sectores industriales tradicionales, como los motores de automóviles o los servicios financieros, una región se volvía dominante en un determinado sector una vez que una o varias grandes empresas ancla establecían allí sus operaciones. La gran empresa ancla atraía a empresas más pequeñas para que formaran parte de su cadena de suministro; las pequeñas empresas del sector dependían de las grandes.
En el sector de las ciencias de la vida y en otros sectores de alta tecnología ocurre lo contrario. Las grandes empresas dependen del desarrollo de innovaciones revolucionarias y se sienten atraídas por las concentraciones físicas de pequeñas empresas emergentes. Incluso las mayores empresas de ciencias de la vida solo pueden generar un puñado de avances en biociencias, genómica y campos similares. Estas grandes empresas crecen siguiendo de cerca las innovaciones y los descubrimientos científicos que se producen en los laboratorios universitarios y las investigaciones de las pequeñas empresas emergentes. Las pocas empresas emergentes que desarrollan posibles medicamentos o dispositivos de gran éxito se convierten en blanco de adquisiciones rápidas; el éxito de las grandes empresas depende de estar donde se encuentran las pequeñas para poder detectar las oportunidades antes que sus competidores nacionales y mundiales. Como lo expresó el destacado economista Barry Bluestone: “Las empresas de ciencias de la vida de importancia mundial quieren alimentarse en las aguas donde nadan los pececillos”. Massachusetts atrajo a nueve de las diez principales compañías farmacéuticas del mundo gracias a la presencia allí de una multitud de pequeñas empresas de ciencias de la vida. En resumen, fomentar las pequeñas empresas emergentes con base en la comunidad es la forma en que haremos crecer la economía en su conjunto.
Incentivar el comercio que no pertenece a cadenas. Muchas ciudades han reconocido que intercalar tiendas locales o regionales (comercios de servicios, pequeños negocios familiares y boutiques únicas), así como cafés y restaurantes locales, crea un carácter propio, en contraste con los centros comerciales idénticos llenos de cadenas nacionales. Además, una oferta diversa, desde espacios culturales como bibliotecas, teatros y museos hasta servicios públicos como escuelas, ayuntamientos y oficinas de correos, contribuye al ambiente, puede ayudar a generar movimiento las 24 horas del día y “aporta una sensación de permanencia en comparación con las tiendas de cadena, que se liquidan fácilmente”. Durante casi un siglo, las políticas federales han subsidiado estrategias de desarrollo que han debilitado las ciudades y la vida urbana; es hora de invertir esas prioridades.
Introducir nuevos modelos para revitalizar los espacios urbanos sin uso, como los locales temporales (“pop-ups”). Estos usos a corto plazo de locales comerciales vacíos, como los que están surgiendo en ciudades como Filadelfia y Nueva York, revitalizarán las zonas comerciales y las calles principales en decadencia y pondrán de relieve el valor de invertir en estas comunidades. Patrocinados en colaboración con organizaciones públicas, sin fines de lucro y privadas, los huertos comunitarios, restaurantes, galerías y negocios temporales darán vida a nuestros barrios y brindarán a los emprendedores locales la oportunidad de “tantear el terreno” y perfeccionar sus estrategias de negocio.
Ninguna exención fiscal sin creación de empleo. Los incentivos a la creación de empleo deben ser transparentes y verificables, para que las empresas que reciben incentivos estatales o exenciones fiscales por su expansión o reubicación cumplan su parte del trato. Si las empresas no cumplen sus compromisos de creación de empleo u otros, los fondos de desarrollo económico pueden recuperarse mediante cláusulas de reintegro (clawbacks). Puede parecer de sentido común, pero las cláusulas de reintegro rara vez se han usado para recuperar fondos públicos, lo que permite a las empresas que no cumplen los términos de sus acuerdos de incentivos económicos conservar los fondos públicos sin consecuencias financieras. Pero comunidades de estados como Illinois, Texas, Michigan y Kansas han dejado de mirar hacia otro lado cuando las empresas no cumplen sus promesas y han empezado a recuperar el dinero de los contribuyentes que no produjo los resultados previstos. En 2008, las comunidades de Illinois recuperaron fondos de 37 empresas que no cumplieron sus compromisos locales, frente a seis en 2005. En Albuquerque, el director económico de la ciudad, John Garcia, propuso recientemente crear un nuevo fondo de captación para el desarrollo económico con una parte de los $5.2 millones recuperados mediante cláusulas de reintegro.
Debemos alentar a otras comunidades a hacer lo mismo, pero, más aún, debemos poner fin a las destructivas guerras de ofertas entre nuestras ciudades, que no generan ningún empleo neto nuevo, sino solo una carrera hacia el fondo. Como sostiene desde hace dos décadas el Banco de la Reserva Federal de Minneapolis: “La facultad del Congreso en virtud de la Cláusula de Comercio es tan amplia que [puede] aprobar legislación que prohíba a los estados usar subsidios e impuestos preferenciales para competir entre sí…. Para aplicar una prohibición legislativa, el Congreso podría imponer sanciones como gravar los ingresos imputados, negar la exención de impuestos a la deuda pública utilizada para competir por empresas y retener los fondos federales pagaderos a los estados que participen en esa competencia”. Dwight Evans está de acuerdo y presionará en el Congreso para que se apruebe esa legislación.
Aprovechar el poder de compra local. Comprar localmente es lo que impulsa a los negocios locales. Debemos alentar a los grandes empleadores locales y regionales, especialmente a las grandes instituciones ancla de atención médica y educación, a estimular sus economías locales mediante políticas de compras locales dirigidas a empresas del centro de las ciudades y de minorías. El gobierno federal puede promoverlo haciendo de ello un requisito para recibir los fondos federales de los que dependen estas instituciones y muchos otros grandes empleadores.
Establecer un salario digno. El valor real del salario mínimo ha caído drásticamente en las últimas décadas. Una legislación reciente ha dado lugar a aumentos programados hasta 2015, pero incluso con el salario mínimo más alto, las personas que trabajan a tiempo completo pueden seguir teniendo dificultades para llegar a fin de mes, especialmente en ciudades con altos costos de vivienda, alimentos y calefacción. Un salario digno determina el ingreso mínimo necesario para que un trabajador cubra necesidades básicas como vivienda, ropa, alimentos, transporte y cuidado infantil.
Licencia por enfermedad pagada. Según una ley de la ciudad de Nueva York de 2014, las empresas con 15 o más empleados deben ofrecer cinco días de licencia por enfermedad pagados. Los empleadores más pequeños deben ofrecer cinco días de licencia por enfermedad no pagados. El Concejo Municipal de Nueva York votó recientemente a favor de exigir a los negocios locales que den tiempo libre a los trabajadores si están enfermos o deben cuidar a un hijo enfermo. El resultado previsto es que haya menos neoyorquinos enfermos viajando en el metro, sirviendo comida en los restaurantes o contagiando a sus compañeros de trabajo y de clase. Connecticut; San Francisco; Portland, Oregón; Washington, DC, y Seattle ya han aprobado normas de licencia por enfermedad. Actualmente, solo el 40 por ciento de los trabajadores de servicios, que tratan directamente con el público, tienen licencia por enfermedad pagada, frente al 61 por ciento del total de la fuerza laboral. Debemos extender la licencia por enfermedad pagada a todos los trabajadores estadounidenses.
Garantizar el acceso al financiamiento
Como Dwight Evans escribió en su libro Making Ideas Matter, aprendió pronto, tanto en la reurbanización de barrios como en el gobierno, que el dinero marca la diferencia. Las empresas, las familias, las organizaciones sin fines de lucro y las personas necesitan dinero para tener éxito. Cada centro comercial de barrio debe ofrecer al público un acceso fácil a servicios bancarios reales, no a sustitutos financieros abusivos. Los negocios y los emprendedores de la comunidad necesitan acceso al capital en un sentido aún más amplio.
Dwight Evans lleva mucho tiempo trabajando para mejorar el acceso al financiamiento. En 2004, Dwight ayudó a crear el Grupo de Trabajo de Ayuda a las Familias Trabajadoras (Helping Working Families Task Force); su informe final, Dollars and Sense: Realistic ways policymakers can help Pennsylvania’s working families, se publicó en enero de 2005. Como resultado, Dwight luchó por obtener fondos adicionales para el programa Family Savings Account. También trabajó para que los habitantes de Pensilvania recibieran servicios confiables de asesoramiento crediticio y gestión de deudas con la aprobación de la Ley 117 de 2008 (HB 2294), la Debt Management Services Act.
En el Congreso, Dwight Evans seguirá trabajando para:
Garantizar que haya un banco en cada esquina importante de los barrios. Para dinamizar el desarrollo urbano en todos los barrios, los funcionarios municipales, los dueños de negocios, los promotores inmobiliarios y las instituciones sin fines de lucro deben trabajar juntos para crear mercados locales sólidos. Next Street Financial, con sede en Boston y Nueva York, ofrece un modelo convincente para conectar a las pequeñas empresas con las grandes instituciones, corporaciones u organizaciones sin fines de lucro que pueden ayudarlas a lograr grandes cosas. Next Street trabaja en colaboración con el ICIC, la principal autoridad en economías de los centros urbanos, para asesorar a las empresas urbanas sobre las estrategias, el desarrollo organizativo y el mercadeo que necesitarán para crecer con éxito en sus comunidades. Este tipo de experiencia les permite transformar las comunidades mediante estrategias a largo plazo que aprovechan al máximo los recursos locales.
Dar acceso al capital y al crédito a las pequeñas empresas mediante:
- Garantías de préstamos para que los bancos privados presten a pequeñas empresas con dificultades, lo que permite que los fondos de los condados trabajen con la comunidad financiera para movilizar recursos del sector privado.
- La creación de un Capital Access Program (CAP) nacional que aliente a los bancos a ofrecer préstamos a las pequeñas empresas, tanto para su puesta en marcha como en forma de líneas de crédito para capital de trabajo. En los programas CAP, tanto los prestatarios como los prestamistas pagan una pequeña comisión que el gobierno iguala, para crear una cuenta de reserva en caso de impago.
- La creación de un fondo de microcréditos para poner capital a disposición de las empresas que no tienen acceso al sector de la banca comercial tradicional.
- El establecimiento de un fondo rotatorio de préstamos que aporte fondos de contrapartida a las empresas y los propietarios que buscan renovar propiedades existentes para convertirlas en laboratorios y construir nuevas instalaciones.
- El diseño de programas de financiamiento mediante capital para ayudar a las empresas pequeñas y emergentes a evitar un endeudamiento excesivo.
- La puesta en marcha de programas de financiamiento semilla en etapa temprana para ayudar a los emprendedores a proteger su propiedad intelectual, perfeccionar sus tecnologías y redactar planes de negocio.
Fomentar las empresas emergentes y a los emprendedores de los barrios (en particular, de minorías). Necesitamos un programa nacional de creación de pequeñas empresas dirigido a los posibles emprendedores de los barrios con dificultades. El programa ofrecería capacitación en habilidades empresariales, ayuda para elaborar planes de negocio y un programa de microcréditos con préstamos de $50,000 o menos. Al igual que un programa creado recientemente en Jacksonville, Florida, este programa contaría con un sistema de detección temprana para identificar los préstamos en riesgo de impago y brindar asistencia técnica para que el beneficiario vuelva a encarrilarse. El programa también tendría un componente de difusión para que la gente lo conozca y lo aproveche.
Ayudar a las familias de ingresos bajos y moderados a usar cuentas de desarrollo individual para alcanzar la autosuficiencia y crear sus propios negocios. Debemos centrarnos en ayudar a las familias a aumentar su patrimonio, no solo sus ingresos. Las cuentas de desarrollo individual (IDA) son cuentas de ahorro privadas que pueden usarse para pagar una primera vivienda, para educación o capacitación y para crear un negocio, como las IRA, pero cuentan con una aportación de contrapartida del gobierno para fomentarlas. Debemos promover el uso de las IDA como forma de aumentar el ahorro y ayudar a crear pequeñas empresas. Trabajaré en el Congreso para establecer una aportación federal de contrapartida.
Combatir las prácticas de préstamo abusivas. He trabajado arduamente para combatir los préstamos abusivos de día de pago (“payday”) en Pensilvania, y debemos llevar esta lucha al ámbito nacional. Estas prácticas inescrupulosas se dirigen especialmente a las familias de militares en servicio activo con dificultades económicas; esto debería ser una prioridad federal. Necesitamos legislación federal sobre los préstamos de día de pago que incluya:
- Exigir que los préstamos se concedan en función de la capacidad del prestatario para pagarlos.
- Limitar los pagos mensuales de los préstamos de consumo a plazos.
- Un plazo mínimo de préstamo de seis meses para dar a los prestatarios tiempo suficiente para pagar.
- Exigir a las empresas de préstamos de día de pago que paguen una cuota del uno por ciento de todos sus ingresos brutos a un fondo que financie servicios gratuitos y comunitarios de educación financiera, difusión y planificación financiera básica.
- Limitar el total de préstamos de día de pago a un mismo cliente, tanto en número como en monto.
- Exigir un periodo de “reflexión” de siete días entre el momento en que se “liquida” un préstamo y la contratación de uno nuevo.
- Permitir que los prestatarios paguen a plazos.
- Exigir a los prestamistas de día de pago que ofrezcan asesoramiento sobre el préstamo a cada cliente antes de concederlo.
- Establecer una base de datos en la que los prestamistas de día de pago deban registrar los detalles de estas transacciones para garantizar el cumplimiento de las protecciones al consumidor.
Trabajar con la comunidad bancaria para crear servicios bancarios de bajo costo en los barrios desatendidos. La iniciativa “Bank On” de California es un programa estatal basado en una iniciativa exitosa de San Francisco que se ha convertido en un modelo nacional para dar a los trabajadores acceso a servicios bancarios convencionales. Los bancos participantes ofrecen, con rentabilidad, cuentas “iniciales” para personas sin cuenta bancaria que no exigen saldo mínimo, aceptan formas alternativas de identificación, permiten un sobregiro gratuito al año y permiten abrir una cuenta a quienes tienen un mal historial bancario o crediticio si toman un curso de educación financiera. Se ofrece asesoramiento en gestión financiera a los nuevos clientes para que el proceso resulte menos intimidante y confuso para quienes antes no tenían cuenta bancaria. Este programa debe reproducirse en todo el país, y el Congreso y la Reserva Federal tienen la capacidad de hacerlo realidad.
Luchar por escuelas sólidas
Cuando Dwight Evans era niño, su madre le enseñó a valorar una buena educación. Por eso, su primer empleo después de la universidad fue como maestro en las escuelas públicas de Filadelfia, y desde entonces trabaja para ofrecer una mejor educación a nuestros niños.
En 1981, Dwight creó los Dwight Evans Career Days para llevar a profesionales a las escuelas primarias de todo mi distrito legislativo y dar a conocer a los niños distintas carreras. Ese mismo año, Dwight también organizó un almuerzo de desarrollo profesional para directores de escuela con el fin de averiguar cómo ayudarlos. El almuerzo anual se ha convertido hoy en una sesión de intercambio educativo llamada Northwest Educators Roundtable, en la que participan instituciones de educación superior, escuelas chárter y funcionarios independientes.
En abril de 1997, Dwight presentó la City of Philadelphia School District Reform and Accountability Act (proyecto de ley de la Cámara 1343), concebida para revolucionar el Distrito Escolar de Filadelfia. Reformaba el gobierno y la gestión del distrito, reforzaba la rendición de cuentas y mejoraba la contratación de maestros, entre otras medidas. Hasta entonces, nadie había presentado una legislación que reestructurara de manera fundamental el distrito de Filadelfia. Aunque el H.B. 1343 nunca fue aprobado por la Cámara, sí sentó las bases para la aprobación de la histórica ley de escuelas chárter en junio de 1997. Como resultado, los padres de Filadelfia cuentan hoy con 86 opciones adicionales y otras alternativas educativas fuera de las escuelas públicas tradicionales.
En el Congreso, Dwight Evans seguirá trabajando para apoyar iniciativas innovadoras que amplíen las oportunidades educativas. Estas son las iniciativas educativas que el gobierno federal puede y debe apoyar y fomentar:
Invertir en cada escuela de barrio y convertirla en una “escuela comunitaria”. Dwight Evans aplaude los esfuerzos del alcalde Jim Kenney para poner en marcha “escuelas comunitarias” en Filadelfia. Kenny planea abrir de cinco a siete de estas escuelas durante el verano, y hasta 25 en los próximos cuatro años. Las escuelas comunitarias han demostrado su eficacia en muchas otras ciudades. Las escuelas comunitarias se convierten en el centro de la comunidad: no solo un lugar donde los niños van a aprender unas horas al día durante solo una parte del año, sino también un lugar donde las familias pueden encontrar actividades y otros recursos, incluidos servicios básicos de salud, donde los adultos también pueden encontrar oportunidades de aprendizaje, y un lugar de conexión con el empleo, con las organizaciones y los asuntos de la comunidad, con internet y con el mundo exterior.
Por ejemplo, las escuelas comunitarias de Cincinnati ofrecen ahora una gama de servicios sociales, académicos y económicos “integrales” para ayudar a las comunidades a atender necesidades apremiantes y liberar a los maestros para que enseñen, en lugar de limitarse a gestionar una crisis tras otra. Entre los servicios figuran:
- Acceso a computadoras y tecnología
- Tutorías
- Servicios de traducción y de inglés como segundo idioma (ESL)
- Centros de oportunidades de empleo y contratación
- Clínicas dentales y de salud
- Útiles escolares y ropa a precio reducido
Las escuelas de Cincinnati pasaron de la “emergencia académica” en 2001 a la “vigilancia académica”, luego a la “mejora continua” y finalmente a “eficaz” en 2010, el único distrito urbano del estado de Ohio con esa distinción. La tasa de graduación de las escuelas secundarias públicas de Cincinnati subió del 51 por ciento al 82 por ciento, y se eliminó la brecha de rendimiento entre los estudiantes afroamericanos y blancos.
Ampliar los centros de salud en las escuelas. También debemos aumentar el número de centros de salud escolares en todo el país, ubicándolos en las escuelas con mayores necesidades. Los centros de salud escolares cuentan con enfermeros, profesionales de salud conductual y educadores en salud que brindan la información y los servicios necesarios para mantener sanos a los estudiantes, como atención preventiva, exámenes de rutina, diagnóstico y tratamiento de enfermedades tanto episódicas (como la faringitis estreptocócica) como crónicas (como el asma), vacunas, educación en salud sexual y reproductiva y orientación.
Ampliar la tecnología en las escuelas. Si la educación consiste en construir el futuro de nuestro país, debemos asegurarnos de que incluya el acceso a la tecnología que constituye la base de ese futuro. Dwight Evans quiere que el gobierno federal:
- Trabaje con el sector privado para garantizar el acceso a internet de banda ancha de alta velocidad a todos los maestros y estudiantes.
- Ponga computadoras con acceso a internet a disposición de cada estudiante y cada maestro.
- Exija a los estados y escuelas que reciben fondos federales que avancen en la sustitución de los libros de texto por contenido digital, incluidos medios interactivos y adaptativos, en el plazo de una década.
- Presione a los estados para que permitan a los estudiantes tomar todas las clases en línea que deseen.
- Apoye la capacitación de los maestros en el uso de la tecnología en el currículo.
Aumentar los Centros Comunitarios de Tecnología (CTC). Los centros comunitarios de tecnología ofrecen a las personas acceso gratuito a computadoras para que puedan buscar en internet, enviar y descargar archivos y tomar clases de tecnología. Debemos determinar los barrios donde las personas suelen carecer de acceso a la tecnología y trabajar para ubicar allí esos centros. Los CTC pueden instalarse en bibliotecas, laboratorios de computación de viviendas públicas, centros para personas mayores, centros comunitarios y espacios dedicados a los CTC.
Derogar la restricción de “uso previo” de los créditos tributarios federales por rehabilitación para facilitar la modernización de los edificios escolares históricos. Podría haber 3,000 proyectos de este tipo en el país, que crearían cientos de miles de empleos, todos financiados con capital privado.
Financiar la educación de la primera infancia. Debemos ampliar el preescolar y la educación de la primera infancia en las comunidades con escuelas en dificultades, con el objetivo a largo plazo de garantizar el preescolar universal para todos los niños del país.
Financiar actividades extracurriculares de enriquecimiento, incluidos programas deportivos y artísticos. Dado el gran número de estudiantes que abandonan la escuela cada año (casi la mitad del número de los que se gradúan), así como la presión sobre los maestros para mejorar los resultados, el incentivo para que los estudiantes sigan en la escuela es frágil. Una oferta más amplia de programas deportivos y artísticos por la tarde ayudará a que más niños tengan éxito y permanezcan en la escuela, y los mantendrá fuera de las calles, de las pandillas y de los problemas.
Promover Kindergarten to College. Con este programa, los niños que ingresan al kínder en las escuelas públicas de San Francisco reciben automáticamente una cuenta de ahorro universitario con un depósito de $50 de la ciudad y el condado de San Francisco. (Los niños inscritos en el National Student Lunch Program reciben un depósito adicional de $50). En los dos primeros años del programa se abrieron más de 7,500 cuentas. Esto podría ser el Seguro Social de la próxima generación, pero mucho más económico, porque invierte para el futuro en lugar de consumir con base en el pasado.
Mantener seguras las comunidades
Dwight Evans reconoce desde hace mucho tiempo que una actividad policial proactiva y centrada en la comunidad es parte integral de las comunidades prósperas. En 1996, Dwight comenzó a presionar para que Filadelfia adoptara el modelo policial proactivo de Nueva York, conocido como de las “ventanas rotas”. La delincuencia bajaba en Nueva York, mientras que Filadelfia había registrado 432 asesinatos en 1995. Para cuando una investigación del Daily News demostró que el departamento de policía de Filadelfia había estado subestimando drásticamente las cifras de delitos que reportaba al FBI, Dwight y otros legisladores preocupados ya celebraban reuniones públicas con oradores como el legendario excomisionado de policía de Nueva York William Bratton, lo que llevó a la contratación de Bratton como consultor y al nombramiento de John Timoney, antiguo adjunto de Bratton, como nuevo comisionado.
El gobierno federal desempeña un papel importante a la hora de determinar el tipo de actividad policial que tienen las ciudades de todo el país. Ha subsidiado y promovido el enfoque excesivamente militarizado de la policía urbana que ha desembocado en los contraproducentes sucesos de Ferguson, Baltimore y otras ciudades en los últimos años. En cambio, es hora de que el Congreso apoye el tipo de programas policiales que reducen la delincuencia y, a la vez, promueven la calidad de vida y el crecimiento económico de las ciudades:
Ampliar el programa “Cop Next Door” del HUD. Crear incentivos para que los agentes vivan en zonas con más delincuencia, de modo que sean una presencia visible y construyan relaciones y alianzas con los ciudadanos, ampliando el financiamiento para llevar a todas las ciudades el programa “Cop Next Door” del HUD, que subsidia la compra de viviendas por parte de agentes en barrios con alta criminalidad.
Acercar la policía a la gente. Debemos seguir ampliando nuestra labor policial de proximidad creando más oficinas satélite de policía, especialmente en los barrios con alta criminalidad. Los agentes podrían usar las oficinas satélite para reunirse con los residentes, hacer trámites y comer; también pueden servir como punto de partida de patrullas a pie y en bicicleta. Estas oficinas pueden ser pequeñas; algunas ciudades las ubican en locales comerciales para aumentar su visibilidad, otras las instalan en escuelas. Baltimore ha registrado una reducción de hasta el 25 por ciento en las llamadas de servicio una vez abiertas las oficinas satélite en las comunidades. Los residentes y los comercios afirman que la simple presencia de una patrulla ayuda a disuadir la delincuencia.
Proporcionar datos en tiempo real a la policía. Un Domain Awareness System o “tablero” es un ejemplo de tecnología de vanguardia contra la delincuencia que puede conectar al instante a los agentes con mapas interactivos de los barrios y con imágenes de cámaras de seguridad cercanas, y facilitar la cooperación entre departamentos cuando sea necesario para acceder en tiempo real, a medida que ocurre, a cualquier otra información relevante sobre un delito o una amenaza emergente, todo ello usando fuentes existentes de datos públicos, sin necesidad de nueva vigilancia. En la ciudad de Nueva York, la policía dispone de un tablero Domain Awareness en sus computadoras portátiles, en sus dispositivos móviles y en sus patrullas, que también da acceso a los registros de arrestos de la ciudad, a los lectores de matrículas y a las llamadas al 911, de modo que, cuando entra una llamada de emergencia, los agentes pueden revisar rápidamente las llamadas anteriores desde la misma dirección para prepararse ante las circunstancias que podrían enfrentar.
Poner en marcha una iniciativa Safe Place (lugar seguro). Ningún joven debería sentir que no puede entrar a una estación de policía, una estación de bomberos, un centro comunitario o una biblioteca si siente que está en problemas. En cada uno de estos lugares debería haber un adulto responsable disponible para alguien (como un trabajador juvenil o un padre) que ayude al joven. Se podría ofrecer con bastante facilidad una capacitación básica y protocolos fundamentales.
Establecer tribunales municipales especializados en armas. El Philadelphia Gun Court fue un experimento de siete años con un tribunal especializado en la posesión ilegal de armas, creado en 2005 en respuesta al elevado número de infracciones con armas de fuego y a la muerte en 2004 de Faheem Thomas-Childs, de 10 años, alcanzado por un fuego cruzado frente a su escuela en el norte de Filadelfia. El tribunal atendía a unos 800 acusados al año y contaba con elementos de tratamiento obligatorio, además de mayor rapidez en la tramitación y protocolos de supervisión intensiva, con el objetivo final de reducir los niveles generales de violencia armada en Filadelfia.
Trabajar con los fiscales federales para reproducir enfoques que saquen de las calles a más de los delincuentes más peligrosos mediante penas más severas. Por ejemplo, en el marco de Project Safe Neighborhoods, la Fiscalía Federal, el Departamento de Policía de Chicago, la Fiscalía Estatal del condado de Cook y las agencias federales del orden procesan con firmeza a los miembros y las organizaciones de pandillas. Se revisa el caso de cada acusado estatal por un delito relacionado con armas para un posible procesamiento federal. El programa comenzó en dos distritos policiales de Chicago y se ha ampliado a seis. De manera similar, Project Exile, en Richmond, Virginia, recurrió a fiscales y agentes especiales federales para ayudar a sacar de las calles a delincuentes violentos antes de que cometieran un homicidio. Durante los primeros 10 meses del programa, Richmond registró una disminución del 41 por ciento en los asesinatos con arma de fuego. A medida que avanzaba el programa, sus diseñadores invirtieron en una importante campaña de difusión pública que informó tanto a los ciudadanos como a los delincuentes sobre el programa y sobre la promesa de un castigo rápido y seguro por la posesión ilegal de armas de fuego.
Trabajar con el departamento de policía y los grupos comunitarios para aplicar programas innovadores sobre armas. Es hora de que el Congreso reconozca que podemos respetar los derechos constitucionales de los propietarios de armas y, aun así, tomar medidas sensatas para proteger a las familias de la violencia armada cometida por menores y contra ellos. Por ejemplo, en el marco de la iniciativa Consent to Search de St. Louis, la policía identificaba los hogares donde se sospechaba que había armas ilegales pertenecientes a menores y pedía permiso a los padres para registrar la vivienda. El consentimiento se otorgó el 98 % de las veces, y en la mitad de los registros se encontraron armas de fuego, que luego se retiraron a esos menores.
No hay ninguna buena razón para que alguien guarde o deje armas donde sea probable que un menor tenga acceso a ellas. No hay razón para que las armas no puedan contar, como otros productos de consumo como, por ejemplo, la aspirina, con dispositivos de seguridad como seguros para pistolas, sistemas de reconocimiento de huellas dactilares y otras medidas para mantener las armas lejos de los niños y fuera del alcance de cualquier persona que no sea un propietario responsable. No hay razón por la que debamos buscar sanciones más severas contra quienes venden y distribuyen armas ilegales a los jóvenes, ni crear zonas de seguridad alrededor de bibliotecas, centros juveniles y guarderías, edificios públicos y escuelas. En un Congreso que se niega incluso a permitir la investigación sobre las consecuencias de la violencia armada para la salud pública, este puede ser un mensaje difícil de transmitir, pero Dwight Evans tiene la intención de transmitirlo.
Promover los espacios verdes y un medio ambiente limpio
La mayoría de los estadounidenses vive en ciudades o cerca de ellas, y las ciudades generan la mayor parte de nuestros avances económicos; esto se debe a la densidad de actividades, recursos, personas e ideas que reúnen. Esa densidad y esa concentración son las que hacen que las ciudades, y las economías, tengan éxito. Pero a veces también pueden resultar abrumadoras. Las ciudades ofrecen la mayor parte de lo que la gente necesita, pero a veces la gente necesita un respiro de todo eso.
A veces la gente necesita lo que la urbanización a veces ha reemplazado: espacios abiertos, vegetación y el entorno natural. Aire limpio, lugar para correr, espacio para pensar: la gente también necesita estas cosas para llevar una vida feliz y productiva. Nuestras ciudades también deben ser lugares llenos de estas oportunidades. Esto es lo que Dwight Evans cree que podemos hacer:
Ampliar la accesibilidad de los parques urbanos. Una forma de ampliar la accesibilidad de los parques es ubicar estratégicamente los nuevos parques donde está la gente. Por ejemplo, en Denver, Colorado, nueve de cada 10 residentes viven a menos de seis cuadras de un parque, y la ciudad en su conjunto tiene 9.7 acres de espacios abiertos por cada 1,000 residentes. Este alto nivel de accesibilidad se logró en parte gracias a un análisis minucioso de la distribución de los parques en la ciudad, con tecnología de cartografía SIG y un “criterio de seis cuadras”. La ciudad usó sus fondos de asignaciones de capital para corregir las carencias o desigualdades que identificó. Ahora planea elevar el estándar de accesibilidad de seis a solo cuatro cuadras (o aproximadamente 1/3 de milla) desde las viviendas.
Crear un programa de miniparques (parklets): esta iniciativa, inspirada en los parklets de Nueva York y San Francisco, crea pequeños parques de temporada, a modo de terrazas, en el espacio de dos plazas de estacionamiento existentes en zonas comerciales durante los meses de primavera y verano. El Boston Globe informó que cada parklet costará unos $12,000.
Plantar más árboles. El programa TreeVitalize de Pensilvania es un modelo de esfuerzo concentrado de plantación de árboles. En respuesta a una alarmante tendencia a la pérdida de árboles en las áreas metropolitanas de Pensilvania, TreeVitalize es una asociación público-privada creada para ayudar a restaurar la cubierta arbórea, informar a los ciudadanos sobre los beneficios de plantar árboles en sus ciudades y ayudar a los gobiernos locales a protegerlos y restaurarlos. Desde su lanzamiento en 2004, TreeVitalize ha trabajado con las comunidades para plantar más de 350,000 árboles en 14 áreas metropolitanas. En la ciudad de Pittsburgh, TreeVitalize ha plantado más de 17,000 árboles desde 2008.
Apoyar y reproducir programas como la creación en Filadelfia de parques y espacios verdes en azoteas.
Extender el WiFi gratuito a los parques de la ciudad y readaptar todas las casetas de teléfonos públicos con capacidad WiFi. Convertir las casetas de teléfonos públicos sin uso en puntos de acceso inalámbrico gratuitos permitirá a cualquier usuario en un radio de 100 a 200 pies acceder a internet desde su teléfono, computadora portátil, tableta y otros dispositivos WiFi, sin necesidad de compartir ninguna información personal. Boston introdujo este programa de forma experimental con planes de ofrecer acceso inalámbrico en 16 puntos de teléfonos públicos existentes en todo el centro; un punto inalámbrico de demostración cerca de City Hall Plaza atrajo la atención de 200 personas en apenas 24 horas y, sin ninguna publicidad, logró que 2,000 dispositivos accedieran a internet solo en ese día. La ciudad de Nueva York está creando la red wifi pública gratuita más grande y rápida del mundo al reemplazar sus teléfonos públicos. Las casetas, llamadas “Links”, ofrecerán a los neoyorquinos una red wifi “increíblemente rápida, segura y privada” con un radio de 150 pies, llamadas nacionales gratuitas, dos puertos de carga USB, una tableta para acceder a internet y un botón rojo del 911 para comunicarse con los servicios de emergencia. Se instalarán hasta 10,000 Links en toda la ciudad.
Debemos extender esta iniciativa a todas las ciudades, especialmente a los barrios de bajos ingresos, donde menos residentes pueden pagar su propio servicio de internet. Al incluir anuncios en las casetas, los anunciantes absorberán el costo de la iniciativa, con un costo adicional mínimo o nulo para la ciudad o el público.
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